miércoles, 24 de junio de 2020

Administración de nuestro tiempo

“Hasta la mañana no entraría no entraría nadie a ver a Gregorio:

 tenía tiempo de sobra para pensar en su futuro,

 sin temor a ser importunado” (Kafka, 2016)

 

El lugar de trabajo o de estudio es una de las características más importantes al momento de realizar de realizar una tarea, cuestiones sencillas como la posición en la que se permanece sentado, el tipo de iluminación, el ruido puede afectar no solo la calidad de la tarea sino incluso nuestra salud. No por nada hay específicamente una disciplina llamada Ergonomía que se dedica al estudio del lugar de trabajo, para mejorarlo, evitar problemas de salud y convertirlo en un trabajador más eficiente. Por otro lado, la concentración está ligada al lugar de trabajo sin duda, pero existen factores distractores, pasatiempos y actualmente muchos que van de la mano con la tecnología, aplicaciones como whatsapp, Facebook, twitter, youtube sin duda son herramientas que facilitan la comunicación, pero nos permiten consumir contenido de forma tan masiva que es fácil perder el tiempo, platicando con algún amigo o simplemente viendo un vídeo de algo divertido y/o interesante, es decir, encontramos los medios perfectos para procrastinar, que está definido como aplazar una tarea o trabajo, pero que lleva implícito el hacerlo por algo que nos resulta más placentero, procrastinar está relacionado con dejarnos llevar, hedonismo total, pequeños placeres, efímeras complacencias, que nos consumen sin quererlo el recurso más valioso, el ansiado, el irrecuperable, el conceptual, el tristemente y eternamente breve tiempo. Pero la discusión del uso del tiempo no es un tema nuevo, así lo evidenció Peter Drucker, considerado el padre de “management” en su libro y gran éxito de 1966, “El ejecutivo Eficaz”, dedica un capítulo entero al tema y menciona lo siguiente:

“Casi todas las exposiciones relacionadas con las tareas ejecutivas comienzan aconsejando la planificación de su trabajo. Esto parece muy razonable. Lo malo es que rara vez da buen resultado. Los planes siempre quedan en el papel y no dejan de ser más que buenas intenciones. Pocas veces se convierten en logros.

El ejecutivo eficiente en mi opinión, no comienza a actuar, antes de verificar su tiempo. Y no planifica antes de aclarar el sentido real de éste. Luego

 intenta manejarlo y elimina toda demanda improductiva de su tiempo discrecional mediante la más grande cadena posible de unidades consecutivas” (Drucker, 1967)

El pensar en cómo administrar el tiempo, siempre es provechoso, el solo plantear el escenario actual y analizarlo, es un acto tendiente a la mejora.

A manera de resumen, los cambios que pienso implementar están ligados a generar la cultura del manejo del tiempo, una vez más el maestro Drucker plantea el hacernos una serie de preguntas diagnósticas:

1.      ¿Qué ocurriría si esto no se hiciera en absoluto?

2.      ¿Cuál de mis actividades podría ser desempeñada tan bien por otro como por mí, si no mejor?

3.      ¿Hago yo algo que le hace a los demás perder el tiempo, sin contribuir a su efectividad?

Con estas reflexiones la cultura la podríamos generar parafraseando a Drucker mediante los siguientes planteamientos,

1.      Identificar las pérdidas de tiempo originadas por la carencia de sistema o previsión.

2.      Detectar la mala organización.

3.      Detectar la deficiencia de la información.

4.      Y más importante aún controlar el tiempo discrecional, consolidar el tiempo en un continuo se refiere a tener el tiempo en una gran unidad de tiempo que nos permite concentrarnos de mejor manera, el tener fracciones de tiempo disponible, no es tiempo. Adicional a esto identificar los asuntos urgentes y los asuntos desagradables y también marcarle un tiempo, si el tiempo que hemos marcado para estas actividades empiezan a rebasar los límites puestos, sabemos que el tiempo esta escapando de nuestro control.

Finalmente, todo esto es porque queremos una mejora en nuestra vida, tenemos un objetivo a largo plazo y estamos escribiendo el plan al que se tiene que ceñir nuestro hacer, el plan inicial puede fallar, pero la voluntad del logro nunca.

“Lo que importa más nunca debe estar a merced

de lo que importa menos”

Goethe

 

Bibliografía

Drucker, P. (1967). El ejecutivo eficaz. Buenos Aires: Penguin Random House.

Kafka, F. (2016). La Metamorfosis. Barcelona: Ediciones B.

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